Me case con mi pareja o con su familia.

Me case con mi pareja o con su familia. La influencia que tienen o no los familiares en la relación de pareja

Con gran frecuencia, cuando se realiza el matrimonio y en la misma fiesta, tu suegro o suegra te dice que ya haces parte de la familia, que han ganado una hija o hijo. Parece una frase de cajón, pero la verdad es que se convierte en una realidad. Si los dejas, se meterán en tu intimidad, tomarán decisiones por ti, y te organizarán el apartamento. Después quien los saca? Te estarás luego preguntando si te casaste con tu pareja o toda su familia.

La relación con los familiares de tu pareja, no debe convertirse en un trauma, ni mucho menos en una medio para discutir o pelear, por hechos como la selección de la familia con la cual se va a celebrar a fin de año. Siempre que pongas las cosas en su lugar desde el comienzo. Cada uno en su lugar, nos amamos y nos queremos, pero no nos entrometemos en los asuntos internos. Eso sí, cuando existe una separación, no podrás evitar que los padres tomen partido por cada uno de sus hijos. Pero mientras permanezcan unidos y felices, o por lo menos en una relación cordial, deben mantenerse las distancias.

Dependiendo, del grado de consentimiento, que haya tenido en el pasado tu pareja con sus padres, así como el mayor o menor grado de independencia. Su familia intentara meterse más o menos en la relación de pareja. En especial, si existió cierto nivel de dependencia sicológica, y peor si la dependencia también abarca el campo económico, debido a que se trabaja con la familia, en la empresa o negocio que han forjado los padres y a veces los abuelos. Aquí se hace más evidente si en realidad te casaste con tu pareja o la familia entera.

Por ello, si no te has casado aún, verifica bien el grado de dependencia que existe entre tu futura pareja y sus padres o familiares, para evitar problemas futuros. Si te equivocaste e hiciste caso omiso a esta recomendación, es decir ya es muy tarde para retroceder el tiempo atrás, entonces a enfrentar y manejar el problema.

Cuando se le pregunta a un hombre, que de presentarse un evento de extrema necesidad y ante la imposibilidad de elegir otra cosa, si salvaría a su madre o a su esposa, a quien crees que salvaría? Cuándo es el caso contrario y le preguntas a una mujer, varía la respuesta? No vamos a esconder en este momento el dilema planteado. Pero podrás con rapidez darte cuenta, que las cargas y favoritismos están repartidos. Lo cual demuestra que en efecto te relacionas no sólo con tu pareja sino con su familia, por lo menos la más cercana. Así que afronta la situación, porque cada persona trae su propia mochila de recuerdos y dependencias.

Ya en este momento, sólo nos queda encontrar la manera de que la familia influya en la pareja, pero con menos impacto, no lo haga tanto o no lo haga en las decisiones trascendentales, y mucho menos lo haga en los momentos en que se discute. Porque la guerra mundial puede parecer un juego de niños, al lado de la batalla que se generaría.

El primer consejo que se le puede dar a la pareja en este aspecto, es que nunca se ponga o plantee el dilema, tu mama o yo. No conviene hacerlo y no es cuestión de orgullo o de ego intentar conocer la repuesta. No es necesario ni oportuno, en ningún caso plantear esta disyuntiva de preferencias o selecciones.

Lo que si se debe hacer, es delimitar los campos de acción e influencia de la familia en las decisiones de pareja. Por ejemplo, en el interior de la casa, en la organización de la misa, en la educación de los hijos, mandamos solo la pareja, como la directamente responsable, sin dejar que nadie interfiera o afecte las decisiones. Se pueden recibir consejos, apoyos, ideas, pero las decisiones las tomamos en pareja, sin que nadie más esté presente. Esto no es negociable.