La competitividad dentro de la pareja.

“Saber aprovechar para bien la competitividad dentro de la pareja.”

Podemos definir competitividad como la rivalidad u oposición entre dos o más personas que se disputan con otras para conseguir un mismo fin; o como la tendencia a participar en cualquier rivalidad para alcanzar un fin.

La competitividad dentro de la pareja
La competitividad dentro de la pareja

Así, con esta definición encontramos elementos que podrían resultar negativos para una relación de pareja. Rivalizar y oponernos a nuestra pareja para conseguir un mismo objetivo puede ser peligroso, en el sentido que uno de los dos puede lograrlo y el otro no, sintiéndose mal por ello y generándose tensiones en la confianza que hay entre ambos.

Los ámbitos en los que se presenta más habitualmente la competitividad dentro de la pareja pueden ser: el ámbito laboral y/o económico, en los estudios, en la consecución de logros sociales, en la forma de vivir el ocio…

Pero, en una competición, no todo tiene que ser negativo. Sabemos que hay espacios en que la competitividad, vivida sanamente, es positiva. Un ejemplo, podría ser el de una carrera popular, en que los runners no profesionales compiten por batir sus propias marcas, superando la línea de llegada en el menor tiempo, pero sabiendo que cada uno tiene sus propias limitaciones y sus propias metas, y que es tan divertido compartir el esfuerzo con los demás como el propio hecho de lograr sus objetivos.

Así, ¿cómo podríamos hacer para aprovechar esa dinámica competitiva a favor de la relación con nuestra pareja?

Podemos entender la competición con nuestra pareja como vía de superación mutua; viviendo la comparación entre nosotros como un estímulo o motivación para crecer ambos. Es, como en las buenas negociaciones: el mejor resultado debe leerse en clave win-win, en el que las dos partes obtienen beneficios mutuos de la situación.

También podemos aprovechar esa dinámica como una manera de alimentar retos compartidos. De encontrar nuevas orientaciones a esos objetivos y marcar nuevos pasos.

Puede ser una buena forma de sostener la energía de ambos para seguir adelante. Cuando uno ya esté “cansado” el otro tira de él y al revés. El empuje que ofrece el desafío que tienes con tu pareja no es el mismo que el que uno solo puede mantener, y proporciona un apoyo firme para continuar.

Como muchas otras cosas en la vida, entendido en su punto justo y equilibrado, la competitividad nos puede ofrecer muchos elementos positivos que nos ayuden a vivir intensamente el presente, con la vista puesta en el futuro inmediato.

Cuando esta rivalidad se distorsiona y termina en discusiones o fuertes desencuentros, cuando no hay una alianza estable entre los dos y la “lucha” acaba con reproches personales, las heridas en la relación pueden ser graves y difícilmente recuperables.

Así, la mejor recomendación es la de tener sentido común, mantener una competitividad “saludable” con nuestra pareja y, cuando uno de los dos detecte alguna cosa que le moleste, hablarlo antes de que sea tarde.

 

“Imagen por cortesía de  Vichaya Kiatying-Angsulee/ FreeDigitalPhotos.net”.