El “No me llena” y la falta de visión

El “No me llena” y la falta de visión en la relación de pareja

¡Por fin llega ese momento tan esperado! Hacen las maletas, ansiosos, se despiden de mami con un beso, cogen una buena cantidad de tupper y al coche. Ahora empieza otra etapa, ahora empieza la convivencia en pareja. Al principio es todo amor, ilusión, sonrisas, desayunos en la cama y demás ñoñerías propias de perturbados emocionales. Pasa el tiempo, y esas maravillas que embriagaban el alma van desapareciendo. Los desayunos en la cama se convierten en carreras contrarreloj porque a alguien se le ha olvidado conectar la alarma; esa sonrisa resplandeciente se vuelve un poquito forzada y, poco a poco, lo que antes era constante y empalagosa compañía, ahora es una discreta y urgente búsqueda de intimidad.

“No me llena”

¿Pasa esto en todas las parejas? Es propio de necios generalizar. Cada relación constituye un proyecto distinto. Pero no tan distinta es la dinámica de la convivencia, basada siempre en los principios de ceder y compartir.  Hay que prepararse para los cambios: se perderán ciertas rutinas y habrá que adaptarse a otras. La vida de soltero quedó atrás. Por ello, es necesario estar plenamente convencido del paso que se va a dar y, cómo no, de la persona que nos acompaña. ¿Obvio, no? Pues no lo es tanto. Los enamorados se lanzan, en un arrebato de excitación y morbosa ignorancia, hacia la aventura sin saber si, en verdad, están preparados, sin estar seguros de que persona con la que están es la indicada, sin conocer los peligros a los que tendrán que enfrentarse. Antes describíamos las secuelas que puede dejar el tiempo. Ahora nos centraremos en otro nefasto enemigo: la inseguridad. Una vez que la impulsividad y el atolondramiento romántico se han igualado a la costumbre pueden surgir las siguientes preguntas: ¿estoy seguro de lo que siento?, ¿de verdad me llena mi pareja en el día a día?

Y cuando comenzamos a plantearnos dichas cuestiones, cualquier disgusto, por diminuto que sea, origina un funesto pensamiento, un rótulo mental enorme, luminoso y tosco: “No me llena”. Entonces comenzamos a aislarnos y a buscar un por qué. “Tal vez nos hemos acostumbrado a vivir juntos”, “Necesito que sea más detallista, más romántico, que muestre sus sentimientos”, “Quizá necesite más espacio” y un largo etcétera que constituye una eterna búsqueda de posibles causas de una relación que ya no entusiasma demasiado.

falta de visión en la relación de pareja
falta de visión en la relación de pareja

Algo sucede sí. Intentamos solucionarlo buscando todo tipo de excusas en nuestro compañero, en nuestro entorno y, ya sea por terror o por orgullo, no miramos hacia la que puede ser la verdadera causa: nosotros mismos. ¿Puede ser que la necesidad que sentimos de que alguien nos llene provenga de la falta de amor propio? Seamos sinceros, nunca vamos a encontrar a una persona que nos llene por completo. Esa idea de que nuestro compañero es una prolongación de nosotros mismos es tan tierna como ridícula. Lo que sí es posible es que, por compatibilidad de caracteres, bienestar y atracción, consideremos a una persona idónea para comenzar una relación.

La falta de visión en la relación de pareja

Entonces ¿qué nos hace falta para sentirnos llenos? Visión. Debemos dejar de lado un momento el sentimentalismo romántico para pararnos a pensar. ¡Sí! ¡pensar! Más neurona y menos corazón atolondrado. Primeramente, no debemos  buscar excusas tontas donde no las hay. Somos mayorcitos y, si tenemos las narices para irnos a vivir con nuestros novios, también las tenemos para ser honestos con nosotros mismos. Para encontrar un equilibrio emocional, debemos equilibrarnos nosotros, construirnos de una forma madura y responsable. Cuando hayamos hecho eso, ya podemos empezar con el tonteo del “te quiero mucho”, los besitos, y las palmaditas en el culo.

Después debemos pensar muy seriamente qué esperamos de nuestra relación. Ahora sí es el momento de mirar hacia fuera. Debemos establecer una serie de expectativas que orienten el funcionamiento de la relación de pareja. Eso sí, siendo siempre realistas. Factores como: nuestra forma de ser, el carácter de nuestro querido, elquerer una mascota, el espacio personal que requiera cada uno, necesidades sexuales, vegetarianismo, trabajo…son algunos ejemplos a tener en cuenta a la hora de definir nuestras expectativas.

Si no lo hacemos así, si ya al pensar qué nos aporta nuestra relación y qué esperamos de ella, lo más sencillo es que esta fracase. Y será entonces cuando le echemos la culpa al amor de nuestra desdicha, de nuestro corazón roto, lloraremos sin remedio y echaremos de menos a nuestro amante… ¡Pero gilipollas, déjate de lamentaciones que no solucionan nada y preocúpate por saber qué coño quieres!

 

Imagen por cortesía de Vichaya Kiatying-Angsulee / freedigitalphotos.com