Decisiones y el control en la pareja

Manejo del poder y el control en la pareja: Lo que tú digas, amor.

¿Dónde vamos hoy? ¿Qué cenamos? ¿Qué película vemos? ¿Tú encima y yo debajo? Estas son algunas situaciones típicas de pareja en las que se deben tomar decisiones. Muchas veces, dichas decisiones son insignificantes pero, en el momento en que entra el orgullo y la presunción de dar una imagen de inferioridad ante el otro, la cosa cambia radicalmente. Ya la discusión no gira en torno al tema originario, a lo que se está diciendo. Ahora se desencadena una lucha para saber quién manda en la relación, quién posee el control en la pareja.



Y la cuestión es que muchas veces hay que recordar que ¿hola? ¡esto es una pareja, no una batalla de muerte y destrucción! Estás ante el supuesto amor de tu vida. El jueguecito del amo y el sumiso quede para la intimidad, a quien le guste, claro. Entonces, eso de que “yo elijo qué hacer o dónde ir” no tiene cabida. Por supuesto, en toda relación hay un miembro con más iniciativa que otro. Eso es indudable. Pero en algún momento habrá que ceder por el simple motivo de complacer a tu pareja, al igual que muchas veces cederá para complacerte a ti.

Lo que es ridículo es querer dominar. Aquí nadie está por encima de nadie. ¿Has oído hablar de los términos dictadura y democracia? Pues aquí lo mismo. A ver si vamos a tener que hacer como con los críos: -venga niño, la dictadura es maaala y la democracia es bueeeena-. Así que si no te apetece hacer lo que tu pareja plantea da motivos razonables ¡habla coño! Porque las malas caras sin razón son muestra de capricho y engreimiento. Y, de verdad, estomaga.

Control en la pareja
Control en la pareja

¿Y qué hay de expresiones tales como “¡Si yo no voy a este sitio, tú tampoco!”? Venga, por favor, son ganas de joder. A quién lo haya dicho alguna vez le digo -¿Has visto la película ¿Quien teme a Virginia Wolf? Pues ve y aprende. O la eterna estrategia de echar en cara un error pasado ante cualquier pelea. ¡Manipulación pura y dura para hacer que se sienta culpable y conseguir lo que te dé la gana! A ver, que todos lo hemos hecho, pero eso no quiere decir que esté bien. Depende de lo que queramos conseguir. Y ser conscientes de que no estamos siendo justos. El uso indiscriminado de tal forma de imposición puede resultar fatal.

Lo que debemos hacer es llegar a un consenso. Es muy bonito decirlo ¿verdad? Pues sí, pero es lo que hay que hacer si queremos que nuestra relación sea equilibrada y enriquecedora. Sin embargo, muchas veces sucede que uno de los miembros de la pareja, ante la imposibilidad de llegar a consenso, se convierte en un calzonazos, así de claro. Se anula y se convierte en lo que el otro quiere que sea. ¿Es realmente lo que queremos?Por que si es así, hija, tienes un problema. Haberte enrrollado con un espejo. Ya verás como así no tienes que discutir con nadie.



Tenemos que ser conscientes de que nuestra pareja es diferente a nosotros. Se ha criado en otro ambiente, ha experimentado otras vivencias, tiene otras ideas, otros gustos, etc. y al empezar a vivir en pareja,  estos dos mundos se empiezan a mezclar. La convivencia con otra persona no es nada fácil. Pero lo que allana el camino es, aunque suene ñoño, el amor que se siente. Del ese amor surge el respeto y la tolerancia que evitará este tipo de situaciones. Lo que está claro es que hay que encontrar una solución, así que la actitud victimista, los gritos, la indiferencia, las amenzas, los llantos y cualquier otro recurso fruto de la vana creencia de que lo que decimos es una verdad absoluta utilízalos para el trabajo o para pedir un crédito en el banco. Seguramente dé mejores resultados.

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