¿Cuánto de tí conocen?

Cuánto de tí conocen o conocerán tus hijos

En toda familia pensamos que el conocimiento que tenemos del resto de miembros es “el normal”. Sabemos qué hacen, qué les gusta y qué no, sabemos más o menos cómo es un día cualquiera en su vida. Pero, ¿realmente lo sabemos todo de ellos?

Cuanto de ti conocen
Cuanto de ti conocen

Cuando hablamos de la relación entre padres e hijos, las distancias en el conocimiento de los unos sobre los otros pueden ser muy cortas o, por el contrario, abismos absolutos.

Así, en la pareja, como padres, podemos tener clara cuál es la orientación de la educación que queremos para nuestros hijos, pero… ¿Somos conscientes de qué mostramos de nosotros mismos? ¿Tenemos idea de cuánto saben o sabrán nuestros hijos de nosotros?

En cambio, sí podemos afirmar que lo que un hijo conoce de sus padres tendrá un peso determinado en la base de su educación.

De esta forma, es importante apuntar que lo que mostramos de lo que somos (o fuimos en el pasado) no es sólo aquello que queremos que sepan nuestros hijos, sino que recoge, al menos, los siguientes tres niveles:

  • Lo que hacemos.

Dar ejemplo con hechos, es más importante que lo que decimos.

Por ejemplo, si nos discutimos día sí, día también con nuestros vecinos, utilizando lenguaje descarado y soez, luego no podremos pedir a nuestros hijos que sean educados y traten con respeto a los demás. Ya que, con estos hechos, están conociendo cómo nosotros nos enfrentamos, como adultos, ante una situación conflictiva. Y aprenderán de ello, mucho más que con nuestras explicaciones, tomándonos incluso como modeló para relacionarse en el futuro con otras personas.

  • Lo que explicamos o enseñamos.

Podemos hablar con nuestros hijos de lo que hicimos en el pasado, cuando teníamos su edad. Podemos hablarles de éxitos y errores. Podemos mostrarles fotos, vídeos o el producto de nuestro trabajo. Y también podemos compartir con ellos opiniones, conocimiento, e incluso actividades creativas, como dibujar o cocinar juntos.

Todo ello, les facilitará mucha información de quiénes son como personas sus padres.

  • Cómo lo explicamos.

Pero si el contenido de lo que explicamos o compartimos es importante incluso más lo puede ser el cómo lo hacemos: la forma de comunicarnos con ellos.

Compartir haciendo explícito cómo nos sentimos (ahora o en el momento que vivimos la historia que explicamos) muestra partes de nosotros que no siempre son evidentes, ni siquiera para personas tan íntimamente cercanas como nuestros hijos.

Por ejemplo, explicar en qué trabajamos con pasión y alegría dice mucho de nosotros, y de la forma en qué vivimos. Se trata de valores, vinculados a esa forma de ver la vida, que se transmiten consciente o inconscientemente y que constituyen una parte importante de lo que los hijos conocerán, se quiera o no, sobre sus padres.

Es evidente que los hijos no conocerán todo sobre sus padres (ni tampoco al revés!) pero también puede verse que conocerán muchas más cosas de las que los progenitores les explicarán con el objetivo de que sus hijos los comprendan. La convivencia y una comunicación transparente podrán hacer que ese conocimiento mutuo crezca y de la mano del conocimiento, la comprensión y el amor sincero.

 

“Imagen por cortesía de photostock/ freedigitalphotos.net”